jueves, 19 de abril de 2018

Se es docente cuando...


Temas:   La relación entre enseñar y aprender.
El pensar como oficio de mano.
Elaboración y comentarios de la Prof. Martha Alicia Lombardelli



Citas tomadas del libro ¿QUE SIGNIFICA PENSAR? (1951-2) de M. Heidegger, Editorial Nova, Bs.As, 1964.

“(...) tratamos aquí de aprender a pensar.” pag.19.

Heidegger nos propone “aprender a pensar”, diferenciando el  modo de pensar propio de la ciencia, -al que denomina ‘pensar de cálculo’-,  y el pensar filosófico o  ‘pensar de meditación’.


APRENDER:

Aprender significa ajustar nuestro obrar y no-obrar a lo que en cada caso se nos atribuye como esencial. Según sea  la índole de lo esencial,  según el ámbito de donde provenga su atribución, será distinta la correspondencia y, con esto, la clase de aprendizaje requerido.
Un aprendiz de carpintería, por ejemplo, uno que aprende a fabricar armarios y objetos similares, ejercita aprendiendo no solamente la habilidad en el uso de las herramientas. Tampoco se limita a familiarizarse con las formas usuales de los objetos que ha de confeccionar. Si es que llega a ser un auténtico carpintero sabrá, sobre todo, corresponder a las diversas clases de madera y las formas posibles que encierra todavía latentes; se ajustará, pues, a la madera tal como ésta con la oculta plenitud de su esencia integra el habitar del hombre. Esta relación con la madera imprime su sello en todo el oficio. Sin esta relación se queda estancado en un activismo inane. Su ocupación se determinará entonces únicamente por el negocio. Todo oficio, toda actividad humana está siempre expuesta a este peligro. La poesía se exceptúa tan poco de ella como el pensar.
Más, el que un aprendiz de carpintero llegue , o no, durante su aprendizaje a corresponder a la madera y los objetos de madera, esto depende evidentemente de si hay quien se lo enseñe al aprendiz.”



ENSEÑAR


“En efecto: enseñar es aun más difícil que aprender. Se sabe esto muy bien, mas pocas veces se lo tiene en cuenta. No porque el maestro debe poseer un mayor caudal de conocimientos y tenerlos a disposición. El enseñar es más difícil que aprender porque enseñar significa: dejar aprender. Más aún: el verdadero maestro no deja aprender nada más que ‘el aprender’. Por eso también su obrar produce a menudo la impresión de que propiamente no se aprende nada de él, si por ‘aprender’ se entiende nada más que la obtención de conocimientos útiles. El maestro posee respecto de los aprendices como  único privilegio el que tiene que aprender todavía mucho más que ellos, a saber: el dejar-aprender. El maestro debe ser capaz de ser más dócil que los aprendices. El maestro está mucho menos seguro de lo que lleva entre manos que los aprendices.
De ahí que, cuando la relación entre maestro y aprendices sea la verdadera, nunca entra en juego la autoridad del  sabihondo ni la influencia autoritaria de quien cumple una misión. De ahí que siga siendo algo sublime el llegar a ser maestro, cosa enteramente distinta de ser un docente afamado. Es de creer que se debe a este objetivo sublime y su altura el que hoy en día, cuando todas las cosas se valorizan solamente hacia abajo y desde abajo, por ejemplo, desde el punto de vista comercial,  ya nadie quiera ser maestro. Probablemente esta aversión se relacione con aquello gravísimo que da que pensar.  Deberemos tener muy presente la auténtica relación entre maestro y aprendices, por si en el transcurso de estas clases llegara a nacer una especie de aprendizaje.”



Vemos en la cita que  Heidegger  hace hincapié en el acto del dejar-aprender por si el discípulo pudiera estar más cerca del aprender que el mismo maestro.
Considera que ese dejar aprender nada tiene que ver con la imposición del maestro como aquel que sabe más ni tampoco con  la palabra dogmática o autoritaria.
Acá es conveniente recordar aquello que justamente  decía Aristóteles.  sobre el conocimiento.  Aristóteles filósofo griego, decía que: “todo hombre desea por naturaleza saber”.  Saber y aprender están  íntimamente ligados a la creación de un mundo cultural, es decir, un mundo humano.


APRENDER A PENSAR


Porque el ser humano piensa es que puede crear un mundo, no porque tiene extremidades. La creación de un universo simbólico -en el sentido que lo describe Ernst  Cassirer-, implica la evolución de determinadas formas simbólicas, tales como el lenguaje, el mito, la religión, la ciencia y el arte.
 En las palabras de Heidegger se bosqueja la advertencia del peligro que encierra el hecho de creer que el pensar y el hacer están separados. Pertenece al ámbito de un pensar que hace, la invención, construcción y lanzamiento de la bomba atómica. Heidegger anticipaba con su reflexión, su pensar de meditación, la necesidad de reflexionar sobre los alcances de la ciencia si ésta es dejada libre a su particular interés y si creemos que ningún proyecto político subyace a su especificidad.


“Tratamos aquí de aprender a pensar. Acaso el pensar no sea otra cosa que la construcción de un armario.  De todos modos es una obra manual. Lo que a la mano se refiere es cosa muy singular.  Según las ideas corrientes, la mano pertenece al organismo de nuestro cuerpo. Mas la esencia de la mano no puede jamás definirse como un órgano prensil corpóreo ni explicarse partiendo de semejante definición. Órganos prensiles posee, por ejemplo, el mono, mas no tiene mano.  La mano dista infinitamente, es decir, por un abismo de esencia, de todos los órganos prensiles: zarpa, uña, garra. Sólo un ser que habla, o sea, piensa, puede tener mano y ejecutar mediante su manejo obras manuales.
“Pero la obra de la mano encierra mayor riqueza de la que comúnmente suponemos. La mano no sólo aprehende y sujeta, no sólo presiona y empuja. La mano ofrece y recibe, y no solamente objetos, sino que se da a sí misma y se recibe a sí misma en la otra. La mano mantiene. La mano sostiene. La mano designa, probablemente porque el hombre es un signo.
Mas los gestos de la mano trascienden el habla por doquier, y más puramente allí donde el hombre habla callando. Pero sólo en la medida que habla, piensa el hombre, y no a la inversa, (...).
 Toda obra de la mano se basa en el pensar. Por esto el pensar mismo es el más simple y el más difícil oficio de mano del hombre, cuando en ciertos tiempos debe ser ejecutado especialmente.”
                                                                               Págs.19 a 22.


                                                                                Martha A. Lombardelli

                                                                                Profesora en Filosofia


sábado, 29 de julio de 2017

Un amor diferente



Me limitaba a mirarla cuando de varias formas me decía que estaba loca. Llegó a la pensión hacía pocos días, me impactó su belleza. Con aspecto de chica buena del cine en blanco y negro. Estaba segura de que podría interpretar airosa el rol de esposa joven recién casada; también la hermana mayor que prolonga su noviazgo porque se hizo cargo de la hermanita y su padre viudo. En fin, no voy a negar que la joven ejerciera sobre mí una gran atracción.Fácil pensarlo pero difícil realizarlo. ¿Cómo decirle que me había enamorado de sus ojos expresivos; su cabello ensortijado, su cuerpo gentil y aniñado? ¿Cómo sería su reacción?

La veía a la hora del almuerzo y era el momento más feliz del día. Eso me motivó a presentarme en el desayuno y más tarde a la hora de la cena. Me despedía con un: 
– ¡Hasta mañana! – mirándola solo a ella. Más adelante, me animé a desearle ¡felices sueños! Con timidez rocé su mejilla amagando un beso. Soporté su mirada turbada ante el gesto. No dijo nada. Eso me alentó. Pronto conversaría francamente con ella. Ensayaba decirle que ¡la amaba! Si llegara a desaparecer moriría de tristeza. Amaba su nombre: Eleonora. Lo repetía en silencio, confiada en el poder de la palabra para acercar a las personas. 

Por fin le confesé mi amor. Me miró sorprendida y haciendo el gesto alusivo a mi locura se tocó la sien con el dedo índice. De mil formas me dijo que yo estaba loca, loca, pero muy loca.
–Querida señora, ¡usted está enferma! - culminó. 
No pretendía que el sentimiento fuera mutuo, solo esperaba que me comprendiera. Creer que el amor nace de una enfermedad era muy fuerte. Ese mismo día me fui de la pensión.

miércoles, 26 de julio de 2017

Persuasión y culpa

El peso de la culpa




Tengo que revisar –paso por paso-  todo lo que hice.  De solo pensarlo me duele la cabeza. Esta vez fui demasiado lejos. Convencí a mi vecina de poder   apropiarnos sin ningún peligro  de la caja donde guarda  sus ahorros el viejo del 4º C. La tremenda culpa me atormenta.
Soy responsable de haber actuado  perversamente. Confieso -argumento a mi favor-  que lo tomé como prueba de amor. Fue tan completo mi triunfo en obtener su adhesión a lo que le propuse, que ella,  -después de vencer su negativa inicial-, terminó colaborando en el proyecto.
Un viernes vendría a mi departamento y saldríamos conversando y riendo  ruidosamente. Al irnos llevaríamos bolsas y mochilas que denotarían la intención de un viaje de fin de semana acampando.  Esa era la forma de despistar a los moradores de los otros departamentos.
Elegimos el vecino más molesto y nada amigable: le irritaba si escuchaba música, el ruido del ascensor en movimiento y no podía soportar el llanto de niños, incluidos los bebés.  Bastó saber que era usurero para no dudar más. Luego volveríamos a entrar sigilosamente a la madrugada y nos instalaríamos en su departamento.
Cruzando los balcones, entraríamos al de él. Ella colaboró en tener preparado el informe meteorológico extendido para saber cuándo agobiaría el calor y así tener certeza de la ventana abierta. Viví días inolvidables,   su colaboración demostraba lo mucho que me amaba.

            Insatisfecho como todo amante la convencí  de que fuera ella la que guiara el recorrido por los balcones. Aceptó.  El día indicado,  a la hora acordada empezó a saltar de balcón en balcón después de darme un beso fugaz. Fue tocar el del usurero para que todo se viniera abajo incluida mi amada.  ¡Ahora  me pregunto qué hacer con la culpa!

domingo, 23 de julio de 2017

El libro perdido

 por Martha Alicia Lombardelli   -  (15/10/2016)

Hay veces que pienso que mis libros –o por lo menos, algunos de ellos- se burlan de mí.  Estoy convencida que no lo hacen  por maldad. Lo hacen solo  para gastarme bromas.  Sucede así: de pronto recuerdo una frase, una palabra que leí hace años en un libro. Sé que lo tengo, sé que lo leí en un determinado año, pero no lo encuentro. Tenía una tapa amarilla. ¿O beige?  No me puedo acordar. Lo leí justo cuando estaba interesada en hacer un trabajo sobre la situación de la mujer en la Edad Moderna  ¿en la Edad Media? Me escucho rogándole a Jesús su ayuda para encontrarlo. Inmediatamente me reprocho  por molestarlo por cosas tan personales y hasta caprichosas. Me acuerdo de Martín Heidegger afirmando la impertinencia de los entes en desaparecer cuando los buscamos y en presentarse ante nuestras narices, cuando no nos interesan. Pienso en dejar de buscarlo, ya aparecerá cuando no lo esté buscando. Pero,  mi deseo de encontrar aquella frase tan importante en este momento para mí, me impide que abandone la búsqueda. Ésta se vuelve cada vez más urgente, más frenética, más desesperada. Me siento y tomo un mate. El mate es un amigo fiel en las buenas y en las malas. Pero ahora no me doy cuenta si está bueno o lavado y ni me importa.  Cierro los ojos para ver si enfocando los estantes y recorriéndoles lentamente, tal como los tengo en el recuerdo, descubriré su ubicación. Estoy a punto de llorar por momentos. También de putear, no al libro. Eso jamás. Si no lo encuentro es porque mi memoria se toma descanso y me deja tildada. O las neuronas se desconectan y producen eso que llaman “lagunas”. Pues, ahora,  a mí se me produjo un océano y no haytutía.  Abandono mi trasero como peso muerto sobre el sillón y dejo caer los brazos desalentada a mis costados.

¡Qué mierda me está molestando en el asiento! ¡Ay, ay, ay, aquí está el hijo de puta! Por fin lo encontré. Claro, si anoche lo preparé para leer lo que quería  citar. Mi libro querido. Gracias por encontrarte. Gracias por aparecer. Esta vez se te fue la mano haciéndome bromas. Lo beso y lo beso una y mil veces. Lo acaricio y dulcemente lo abro allí, justo allí donde hace tantos años dejé la hoja doblada en la esquina; y la oración subrayada amorosamente con lápiz de mina blanda para no hacerlo sufrir. 

martes, 18 de julio de 2017

Arte y terror




Arte y terror

Elaboración de  Martha Alicia Lombardelli a partir del texto de  Eduardo Grüner

El autor  parte de una petición de principios[1]: es decir  que no presupone una relación de entidades preexistentes como arte y política que tratamos de poner en contacto. Más bien,  la hipótesis consiste en que:   toda la cultura de occidente  de la modernidad se puede entender como una renegación de lo que en los orígenes de esta misma cultura de occidente estaba mutuamente implicado y en forma conflictiva e inextricable.

Ejemplo la Tragedia griega  se da un anudamiento entre
lo político / lo religioso / lo estético

Sin embargo, según Weber o Simmel, lo que se evidencia en la modernidad es que la vida de los hombres  y sus actividades serán diferenciadas en tres esferas muy precisas:         

           ARTE        ------------- CIENCIA ----------------------RELIGIÓN

El arte estaría regido por el principio de la Belleza o de lo bello.
La ciencia por el principio de la Verdad o lo verdadero
La religión estaría regida por el Bien o lo bueno, que en la vida comunitaria se manifestaría en el Derecho y lo justo.

a) Para desarrollar su idea parte de una Instalación de Marcelo Lo Pinto y Juan Carlos Romero, consistente en una  distribución de seis letras gigantescas  que puestas en orden forman la palabra TERROR
El espectador  puede caminar paseándose entre ellas. Grüner  aclara que no se está estetizando  la política sino que lo que intenta aclarar -tomando este ejemplo-  es que considera al Terror una forma de la política.
 En esta instalación los artistas han evidenciado ese nudo entre arte y terror. La instalación descompone el aspecto estético de ese paseo por el terror.

b) Otro punto de partida es una frase –él la llama fundadora de la modernidad- presente en la obra de Hobbes de 1651: “La más grande pasión de mi vida ha sido el Miedo”. La inscribe en el frontispicio de su Leviatán.
 El contenido de esta obra es como el acta de nacimiento de la moderna filosofía del Estado.  El terror o el terrorismo consiste en uno de los modos de organización de la política moderna….
No esta afirmando que no se haya ejercido el terror  en toda la historia de la humanidad.  Desde los orígenes  los seres humanos han utilizado el terror para dominarse entre ellos, para explotarse,  extorsionarse, etc.
>Pero lo diferente es que ese instrumento (el terror), en la modernidad alcanza la categoría de una lógica universal y –fundamentalmente- calculada matemáticamente. Una especie de máquina robótica que funciona por sí misma.
Esta lógica no está inspirada en algo divino, o superior o producto de alguna mente particular. Tampoco actúa obedeciendo  pasiones humanas.
Es algo que, -como una máquina-  funciona y sólo necesita de los seres humanos para que le proporcionen el mantenimiento que la hace funcionar. 
Debemos recordar que el universo mismo es concebido en esta forma:
Dios crea el mundo y se desentiende. Éste marcha por sí mismo. Es tan perfecto, diría Leibniz siguiendo la teoría del relojero universal de Descartes,  como un reloj. Es inexorable.
El autor compara ésto con El Proceso de Kafka.

Este tipo de organización lógica del Estado es lo que llevó a Adorno y Horkheimer a hablar de la razón instrumental.

¿A qué se referían cuando mencionaban la razón instrumental?

A la razón que rige  la eficacia entre medios y fines.  Es una reducción utilitaria a la que no le importa la cualidad de los medios ni de los fines.
Esta racionalidad surge en el campo económico, con el tipo de producción burguesa y el intercambio de mercancías.
Esa razón instrumental buscará y establecerá la era del equivalente general: el dinero.  Equivalente que permitirá  la contabilidad del intercambio. En ese intercambio las particularidades de los objetos y sujetos no interesan. Todo queda disuelto en la universalidad de la homogeneización por el mercado.
Algo como lo que actualmente conocemos como la globalización.
Marx decía que ningún régimen político y social moderno, fuera o no burgués,  logra evadir la lógica de una instrumentalidad  terrorista.
Su potencia ha permeado todo el ethos y el pathos de la modernidad

Aristóteles decía en su Retórica que el hombre no es un ser sólo racional, sino que obedece también a las emociones.
De este modo, decía Aristóteles, para poder persuadir, un discurso debe apelar a tres dimensiones distintas en su audiencia: el logos, el ethos y el pathos.

Dicho en otras palabras, un argumento nos convence cuando sus premisas nos parecen racionales y convenientes (logos),
 cuando quien nos lo dice nos merece confianza (ethos) y
 cuando el argumento apela también a nuestras emociones (pathos).

Por lo tanto, concluimos  algo que ya habíamos adelantado: que el modelo de la instrumentalidad terrorista no es de origen directamente político sino económico.
Cuando se establece a partir de los textos de lo pensadores del liberalismo que  lo mejor para la humanidad, era establecer una administración que  opere la división internacional del trabajo:…. Y con ello se fundamenta el coloniaje….
También se evidencia en toda su potencialidad en la implementación de la cadena de montaje en la producción de la fábrica moderna.

Esa misma razón instrumental se puede aplicar a la producción como a la organización de un campo de concentración nazi.
“El terror es una condición de la existencia moderna”

El arte , se puede decir que anticipó el terror moderno con Bosch (1450-1516)
El Renacimiento lo puso en obra cuando inventó la perspectiva,  porque fijó el lugar central y dominante del individuo moderno frente a la realidad.
 El sujeto cartesiano  centro  y dueño de todo lo que lo rodea, en 1632 en el Discurso del Método.
Lo que llevará a Lacan a decir que el universo entero queda reducido a la medida del hombre. Es decir,  a la cuantificación instrumental.




[1] Petitio Principii (petición de principios).  Es una falacia  El razonamiento dice en la conclusión lo mismo que en las premisas.
Ejemplo   Kelsen : La ley  dice que la Asamblea debe ser convocada por  su  presidente. Este  debe ser elegido por la misma asamblea. "...el sentido  de la ley es claro; la asamblea debe ser convocada por su presidente aun  cuando este no exista...la ley contiene una disposición  absurda  y  tal eventualidad no puede ser  excluida  absolutamente, dado  que  las leyes son obras humanas" ( Kelsen  Hans " Teoría pura del derecho" Eudeba,  Bs.As.  1974, Pág. 175).-

domingo, 16 de julio de 2017

            El señor  de los  aplausos




Apenas terminó la primera función de la tarde, me apresuré a mostrar la entrada  al acomodador y buscar un buen lugar en el interior de la sala. Me asombró que alguien siguiera aplaudiendo cuando ya todos los espectadores habían abandonado el lugar. El tipo aplaudía frenéticamente y de pie. El ritmo era monótono, sin variaciones. Indudablemente daba la sensación de que lo habían programado para realizar esa acción y las siguientes.

            Sentí cierta inquietud cuando comprobé que estábamos solos él y yo. Lo primero que pensé fue que alguien había traído su replicante y se lo había olvidado cuando intentó retirarse. El deseo de evitar el amontonamiento a la salida se había convertido en algo habitual. En esos momentos la gente solía perder sacos y sacones, tapados, guantes y hasta los sombreros. Por lo tanto, era posible que en ciertas ocasiones, cualquiera pudiera quedar a merced de un robot como éste.

            De pronto el aplauso cesó, así que me detuve para ver qué sucedería a continuación. Siempre tratando de mantenerme oculto, observé cómo recorría rápidamente las filas. Semejaba una sombra veloz que levantaba objetos y los iba metiendo en una gran bolsa. Las acciones eran realizadas en absoluto silencio. 


             Me sorprendió un fugaz movimiento envolvente que oscureció aún más la penumbra. Me sentí levantado por una fuerza invisible para mí y revoleado por el aire. Luego algo muy pesado me hundió en una oscuridad mayor aún que se movía para arriba y para los costados. Mi mente se entorpeció y ya no pude ver nada ni comprender lo que me estaba pasando. No sé qué esperaba que sucediera pero dejé de resistirme a los vaivenes del zarandeo y me abandoné al destino, convencido de que muy poco podría hacer para evitar lo que me estaba pasando.